La reforma agraria de 1961
El ponente de la reforma en el Congreso fue Carlos Lleras Restrepo, quien argumentó que Colombia debía pasar de ser un país de peones a ser uno de propietarios. Sin embargo, como en ocasiones anteriores, en lugar de acabar con el latifundio improductivo, lo que se incentivó fue la colonización a través de la entrega de baldíos. Entre 1958 y 1961 se efectuaron 9.755 adjudicaciones por más de un millón de hectáreas, pero favorecieron principalmente a grandes empresarios.
«Tierra de nadie»
La colonización en territorios que para los gobiernos bajo una retórica colonial eran «tierra de nadie» sembró conflictos de larga duración con los pueblos indígenas y las comunidades negras que habitan en ellos. En la región del Pacífico, por ejemplo, se sustrajo un amplio espacio de reserva forestal para ser entregada como baldíos de la nación. Gran parte de este territorio se deforestó con la explotación de maderas tropicales. Una vez más se demostraba la imposibilidad de modificar la estructura de la propiedad rural.
Un catastro pendiente
Los colonos del movimiento agrario comunista que se habían desplazado hacia los Llanos del Yarí no obtuvieron títulos en este período, a pesar de que algunos de los departamentos de la Orinoquía duplicaron su población. El 20% de las parcelas adjudicadas por el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (Incora) estaban en Tolima. Valga decir que desde aquellos años el Estado se ha propuesto, sin lograrlo, un catastro rural que permita conocer de manera transparente a los propietarios de la tierra.
Los opositores a la reforma
Los grandes propietarios de tierras que vieron en riesgo sus feudos, crearon la Federación Nacional de Ganaderos (Fedegan) y de manera temprana se opusieron a la reforma. Al igual que en los años treinta, el escenario político fue adverso para la reforma, dada la alta representación de los latifundistas en las instituciones controladas por los congresistas liberales y conservadores. Uno de los más incisivos críticos fue Álvaro Gómez Hurtado, quien desde el Congreso pronosticaba que: «El presidente Lleras va a pasar a la historia como uno de los grandes enemigos de los agricultores, porque teniéndolo todo, teniendo grandes posibilidades de desarrollo, se empeñó en sostener un proyecto y con ese pretexto de la tal reforma agraria paralizó la acción del Estado en el desarrollo de la agricultura» (Gómez en Alape, La paz, la violencia: testigos de excepción, 244).
Entrega de tierras
Paz del Río, Boyacá.